Buceo en El Barco - Puerto Pirámides
  Puerto Pirámides - Península Valdés  
 
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Si lo que uno busca es sumergirse con el objetivo de encontrar aventura y observación de fauna marina, Puerto Pirámides brinda un perfecto escenario para tal motivo.

Estábamos alojados en Puerto Madryn, y nos comentaron que en existía un lugar increíble para bucear llamado “El Barco”, en Puerto Pirámides. Un lugar a 25 mts. de profundidad. La formación rocosa del fondo le dá origen al nombre, ya que de perfil, parece el casco de un barco hundido.

Fue así como nos trasladamos a Puerto Pirámides, recorriendo la ruta 3 que nos lleva a la Península Valdés.

La Península Valdés está declarada Area Natural Protegida. Su puerta de acceso es el Itsmo “Carlos Ameghino” que conecta a la península con el continente. El agua flanquea los dos costados de la ruta. Tanto a la derecha como a la izquierda se puede ver la inmensidad azul del mar patagónico. De un lado, el Golfo Nuevo, y sobre el otro el Golfo San José. Circulando por el Itsmo se pueden oír los chirridos de las ruidosas aves que habitan cerca, en la Isla de los Pájaros, y que parecen dar la bienvenida al lugar.

Allí se encuentra el Centro de Interpretación F. Ameghino y el Museo Regional Fuerte San José, un lugar ideal para informarse a fondo sobre los lugares a visitar y su geografía, flora, fauna e historia.

Luego de recorrer 25 km más por una típica ruta de estepa patagónica, entre unos impresionantes acantilados dorados, se abre paso las playas de Puerto Pirámides. Sus arenas finas y doradas invitan a tomar un descanso y conectarse con el poder de la naturaleza, que evidencia la fuerza de su magia tras el paso por ese lugar.

Cerca de las 15 hs, nos pusimos en contacto con la operadora de buceo que nos llevaría a recorrer este lugar.

Nos recibió “El Pulpo”. Instructor y guía de buceo con basta experiencia en Buceo en Puerto Pirámides, quien nos contó, luego de planificar el buceo, que nos embarcaríamos unos 20 minutos hasta llegar a “El Barco”.

Luego de chequear todos nuestros equipos para asegurarnos de que todo esté en perfectas condiciones y poder disfrutar de un relajado buceo sin que se nos olvide nada, conocimos a Stephen Johnson, un buzo y fotógrafo americano muy reconocido en el lugar, el cual se quedó a vivir en Puerto Pirámides cuando descubrió que ese era su lugar en la tierra.

Nos dirigimos a la playa donde nos esperaba la embarcación para trasladarnos. Una vez a bordo, y ya en marcha hacia “El Barco”, terminamos de ultimar detalles sobre el buceo.

En el viaje escuchamos anécdotas increíbles que El Pulpo y Stephen compartían alegremente con nosotros.

 
Puerto Pirámides recibe el nombre debido a que en muchos puntos de la costa, se leventan enormes pirámides resultado de la erosión del viento. Navegar por el mar, rodeados de estas increíbles formas, permiten gozar de unos de los más maravillosos paisajes que brinda la Patagonia.
 


De repente la marcha de la embarcación disminuyó, y la adrenalina comenzó a recorrer nuestros cuerpos, ya que estabamos muy cerca del lugar de inmersión. El capitán, utilizando el GPS de la nave, ubicó el lugar perfecto para arrojar el ancla.

Terminamos de equiparnos y chequear los equipos entre nosotros, rutina principal antes de comenzar cualquier buceo, y nos fuimos arrojando de a uno hacia el mar.

Cuando un buzo se arroja al mar, mediante una seña que consta de ponerse una mano en la cabeza formando un arco con su brazo, el capitán pregunta si está todo bien. Es obligación del buzo contestar del mismo modo si es que está todo bien, y es obligación del buzo también pagar una botella de whisky al capitán si se olvida de contestar. Así que rápidamente todos dimos el ok.

Previamente habíamos acordado reunirnos en la linea de descenso, que es un soga que se ubica junto al ancla a tal efecto, ya que había una corriente leve y no queríamos agotar nuestras fuerzas inecesariamente.

Reunidos todos en la línea, el guía nos indico con el pulgar hacia abajo que deberíamos descender.

La sensación que se vive cuando uno comienza el descenso es realmente impresionante, ya que el fondo no se ve, y uno se encuentra descendiendo en medio de un azul profundo.

Aproximadamente a los 10 metros de profundidad comenzamos a divisar el una plataforma rocosa colmada de vida marina. Estrellas de mar, almejas, esponjas de mar, unibranquios y salmones, entre una cantidad infinita de peces.

Una vez posados sobre dicha plataforma, aproximadamente a los 16 metros, realizamos una parada de seguridad que consta en chequear el estado de los equipos y el estado de los otros buzos y si todo está en condiciones, se continúa con el buceo.

Fue así como nos trasladamos horizontalmente por la plataforma unos 9 metros, donde repentinamente apareció un precipicio. La vista hacia abajo era interminable.

Comenzamos a descender por la pared del mismo hasta alcanzar aproximadamente los 25 metros de profundidad.

De pronto estaba allí, como un barco posado en el fondo del mar, se levantaba esta increíble formación rocosa.

El guía comenzó el recorrido por el mismo, descubriendo cuevas que comunicaban un lado al otro del casco de “El Barco”.

La experiencia de bucear dentro de cuevas, es una de las más brillantes que pueda vivir un buzo. Las paredes esconden un sin fin de formas de vida diferentes, como esponjas marinas, langostas y almejas, entre otras.

Buceamos y recorrimos todo el lugar cerca de 20 minutos, observado y siendo observados por toda la vida subacuática del lugar.

Comenzamos el regreso, ya que a mayor profundidad se consume mayor cantidad de aire.

Fuimos ascendiendo lentamente hasta llegar a la plataforma donde habíamos realizado la parada de seguridad. Al constatar de que todo siguiera bien, comenzamos con un lento ascenso por la línea hasta aproximadamente 10 metros, donde realizamos una parada obligatoria de 5 minutos para eliminar una porción del Nitrógeno que queda en sangre cuando se bucea.

Posteriormente continuamos el ascenso hasta la superficie.

Una vez ubicados en la parte trasera del bote, esperando para ascender al mismo, escuchamos a nuestras espaldas un soplido muy fuerte.

Al darnos vuelta observamos la cola de un Lobo Marino que se acerco a observarnos, ya que una de las características de estos animales, es la curiosidad.

A bordo y ya emprendido el regreso, compartimos unos alfajores mientras comentamos la experiencia única que habíamos vivido al conocer este lugar increíble llamado “El Barco”.

   
Textos: Patagonia Extrema l Fotos: Patagonia Extrema - Stephen Johnson
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