4x4 Aventura - Circuito Off Road
  Casa de Piedra - S.C. de Bariloche  
 
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Bariloche, 14.00 hs. Estaba en la habitación del hotel terminando de cambiarme porque a las 14.30 hs pasaban los chicos de las Land Rover a buscarme para hacer la travesía en la zona del río Casa de Piedra. En ese instante pensé que ropa era la más adecuada para esta situación, porque me comentaron que nos íbamos a encontrar con agua, mucho barro y seguramente en algunos tramos del camino había que bajar de las camionetas debido a que las posibilidades de encajarse no eran remotas.

Sonó el teléfono de mi habitación y el conserje me avisó que las camionetas me estaban esperando en la puerta del hotel. Cuando bajé al lobby me recibió el guía. Este me presentó al resto del grupo, nos subimos a las camionetas donde afortunadamente ocupé el asiento del acompañante, lugar privilegiado, y allí emprendimos el viaje.

Nos alejamos de la ciudad de Bariloche tomando la ruta al Llao Llao. A la altura del Km 8 nos desviamos con dirección al Cerro Catedral. Al cabo de recorrer aproximadamente 15 km de asfalto, tomamos un camino de ripio en el cual nos detuvimos a esperar al resto de la caravana. Una vez reunidos, los guías nos hicieron bajar de los jeeps y mantuvimos una breve charla sobre lo que iba a suceder y los recaudos que teníamos que tomar. Fue allí cuando anticipé con emoción la aventura que me esperaba en esta travesía...

Retomada la marcha, observé que el conductor activó una pequeña palanca, y le pregunté que función cumplía, a lo cual respondió que era para darle más potencia al motor porque de ahí en más el trayecto a seguir requeriría del máximo de las cualidades del vehículo.

Salimos un jeep detrás del otro. No estoy seguro, pero al cabo de unos pocos metros el guía nos advirtió que nos agarremos porque de no hacerlo nuestras cabezas impactarían contra el techo de la Defender, debido a las alteraciones que presentaba el terreno. Los saltos comenzaron a presentarse durante varios minutos, hasta llegar a la primer parada, sobre la margen derecha del río Casa de Piedra. En este tramo el guía demostró su espectacular habilidad para sortear las exigencias del terreno.

Una vez allí descendimos de las camionetas y el nivel de excitación era muy alto, mis piernas temblaban debido a la adrenalina que circulaba por mi cuerpo y todavía quedaba mucho camino por recorrer!

Aproveche la ocasión para sacar algunas fotos del paisaje y rápidamente me encontré de nuevo en la Defender. Retomamos la marcha por un camino más tranquilo y al cabo de unos minutos la camioneta que iba delante nuestro frenó de golpe y nos sorprendió cuando dobló hacia un camino donde apenas pasaba un jeep; el cual estaba marcado por densas "paredes" de vegetación compuesta por árboles y cañas.

Ahí noté que el camino había variado bastante debido a que la marcha era mucho más lenta y las dificultades eran mayores. Veía como la Defender de adelante se inclinaba demasiado, fue cuando le pregunté al guía si no había riesgo de darse vuelta. Me explicó que estos vehículos están preparados para realizar este tipo de maniobras. No terminó de decirlo que nos comenzó a suceder lo mismo. Fue emocionante sentir como la adrenalina aumentaba a medida que el jeep se ponía de costado, caía dentro de las profundas huellas marcadas en el camino, salpicaba barro, patinaba y aún así seguía la marcha.Transitamos en estas condiciones por varios minutos. De repente desembocamos frente a un inmenso lago con una increíble playa, donde realizamos la segunda parada.

Cuando estábamos bajando de los jeeps, escuché que alguien llamaba por radio. No alcancé a entender bien de que hablaban. El guía me preguntó si quería que lo acompañara a auxiliar a un amigo que se había quedado encajado en la zona mientras hacía un relevamiento del lugar. No dude ni un instante en decir que sí.

Nos subimos al jeep y emprendimos viaje, guiándonos por las indicaciones que nos daban por radio. Finalmente encontramos el lugar, y no podía creer donde había quedado enterrada la Defender.

El guía me pidió que bajara del jeep e indicó donde tenía que ubicarme por razones de seguridad, ya que en muchos casos la soga que usan (linga) suele cortarse y salir disparada como un látigo. Esta ubicación me permitió observar las maniobras que realizaron para sacar la camioneta. Finalizado el rescate le pregunté al guía si esto era habitual que pasara, a lo que respondió que sucede la mayoría de las veces.

Emprendimos el regreso para reencontrarnos con el resto del grupo en la playa y continuar la marcha hacia la última parada, donde nos esperaba una merienda para reponer energías. Mientras tomabamos un chocolate caliente con una buena porción de torta de frambuesas, les conté al resto del grupo la espectacular experiencia que había vivido en el rescate de la Defender.

De regreso en la ciudad, una vez en el Hotel nos despedimos. Me di cuenta que habia conocido "muy buena gente" y profesional en su laburo. Al observar la partida de las camionetas se representaron en mi mente una sucesión de imágenes de la aventura vivida y sentí la necesidad de volver a repetirlo.

 
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Textos: Patagonia Extrema l Fotos: Patagonia Extrema
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